DIÀLOGO MERIDIANO
Bendito rostro de oro mutable, la brisa del camposanto suspira al entorno; dilato con dedal ofuscante la cicatriz y se despide tras las huellas. Estampas de amor que cobija la vida, eterna sangría y solemne aroma brotando sobre la hendidura entumecida, tiene esquemas, arrullo y refugios cristalinos.
¡ay que amargo elogio entre mi memorial¡ ofrezco latente al rosal blando donde fluye sin altivez tu beldad y el arrollo ceñido se expone al ocaso; mientras, transita la sangre sustancial bajo los ramales húmedos y errantes del bohío.